Una botella a la mar

*

Una pálida mañana, no sé porqué,

 encerré suspiros, sueños y tormentos,

en una botella que lancé a la mar.

Algo en mí decía que al hacerlo,

recobraría las ansías perdidas, la dignidad.

 **

Ahogué mi aliento en esas tímidas líneas, 

pensando que la tristeza contenida,

fundiría en la pureza de las olas de un día,

que quizá, en puerto desconocido,

la inocencia de un niño

liberaría de su encierro, esos agonizantes sueños.

**

En ese corto mensaje conté la fatuidad de la vida,

los falsos amores, los falsos temores,

las falsas heridas.

Las penas, decepciones y alegrías,

de un alma errante que nadie lloraría...

**

Largo rato contemplé su balanceo en

un mar  de espuma, sal, brea, gaviotas y viento.

Desaparecía por momentos en el glauco vientre  del océano,

y luchando por sobrevivir, emergía de nuevo.

En ese frágil navío de papel a la deriva,

se alejaban lentamente de mis ojos, los sueños rotos.

 **

Allá en el horizonte...

un tímido rayo de sol, sonrió en mi cuerpo.

¿ Fue presagio o sentimiento ?

Sentí en las venas arder con fuerza la sangre nueva,

una lágrima perdida rodó despacio hacía tus labios...

y en aquél preciso momento,

la primavera brotó de nuevo.

 Marie-Ange Bonnevie

Cazilhac, le 19 février 2002