Tormenta

*

La fuerzas cedieron ese amanecer de despertar en llamas,

después de luchar y luchar sin descanso,

contra la duda y el recelo,

en una tormenta de miedos, quemó su aliento,

y su frágil cuerpo, rendido, se vistió de negro.

**

Con mirada acabada contempló el pálido cielo,

implorando respuestas, esperando consuelo.

No volaban gaviotas aquella mañana de invierno.

¿ Acaso el frío desertaba el paraíso ?

¿ Quien escucharía sus silenciosos ruegos ?

**

Sola y hastiada en el inhóspito acantilado

poblado de malos sueños,

 unas lágrimas inseguras, intentaron brotar

de sus ojos de mar.

Más de su mirada herida, tan solo manaba

tristeza y sequía.

**

El alma partida y la inocencia en suspenso,

la gaviota batía sus alas rendidas, una y otra vez...

sin alcanzar el vuelo, sin lograr su inaccesible sueño.

**

 Elevarse con la fuerza del viento sobre las áridas tierras

ausentes de amor,

y lavar en la dignidad de las aguas del océano,

la falsedad de los humanos sentimientos.

Marie-Ange Bonnevie

 Cazilhac le 12.09.2002