Llueve...

*

La lluvia turba este atardecer de otoño,

y en la calle desierta,

solo se manifiesta el frenesí de los árboles,

agitando con saña sus ramas cortadas

por el extraño vigor del viento.

Y siento penetrar en mi un singular y amable bienestar,

al escuchar el agua golpear al mismo tiempo,

y los cristales, y mi aliento...

**

Es como si de repente se lavase la conciencia,

disipando profundos y secretos malestares,

como si la eterna espera se hiciese llevadera,

como si aquellos pesares que nunca sanaron

se cubriesen de vendajes perfumados de bálsamo.

**

Cierro los ojos y me dejo llevar por el sopor...

cierro los ojos y te comtemplo con rostro inédito,

sin el rencor ni el retodo del desconsuelo.

Hoy quiero amarte como eres:

Indeciso amor... tierno, aspero y sincero,

con tus ciegos egoismos y tus miedos...

incondicional amante de los tiempos regios,

y eterno ausente de los intimos duelos.

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Marie-Ange Bonnevie

Cazilhac; le 05. 01. 2005