La herida 

*

Y me dolía tu cuerpo en aquel abismo tan ajeno al mío.

Te busqué por las nubes de lo infinito,

más las densas brumas del invierno,

sofocaron los suspiros de nuestro fallido encuentro.

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Dolían tus manos buscando en vano, el ardor de mi cuerpo.

Y tus mentiras, quemando mis besos a fuego lento,

y tus imposibles sueños, matando mis sueños...

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Y esa llanura de ternura que brilló un día en tu pecho,

sangró en la angustia de mi mundo interior,

cuando te dije adiós.

 **

Duele el recuerdo de tu voz ausente en aquella estación vacía.

Allí donde tus manos, nerviosas, sin saber porqué,

se retorcían.

Allí donde vencida, alejé para siempre mis pasos cansados,

de esa tierra donde tanto nos amamos.

 **

Y yo que ebria de felicidad te entregué mi vida y mi paz...

noches y noches busqué sin respiro tu cuerpo, en mi lecho vacío.

No pensé que los jazmines, en realidad embriagan un breve instante,

no imaginé que después de tanto amor,

bajo la cobardía y el engaño, sólo perdura el dolor.

 

Marie-Ange Bonnevie

Cazilhac