Atardecer de tormenta y paz.

*

Me refugié entre las rocas de la playa

aquél atardecer.

Contemplé el mar enfurecido, y un bálsamo 

de paz, acarició mis sentidos.

Nunca supe porqué la tormenta sobre el mar

me fascinaba.

Ni porqué la ira del viento excitaba

mi  instinto soñador, las ansías, los miedos...

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 Ese placer supremo de la lluvia sobre el cuerpo,

esa mezcla de nostalgia y temor, de soledad y amor,

fue por siempre un misterioso compañero

que guió mis sueños.

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La playa era un desierto...

hasta las gaviotas huían tierra adentro.

Una sola, compañera improvisada de ese atardecer,

vino a posarse a dos pasos de mi fortuito encierro.

Me miraba complaciente, sin temor.

La plácida expresión de sus ojos,

transformó por un instante la oscuridad del cielo,

lo hizo tierno...

**

Con estupor, descubrí que su mirada era de mar... 

era una lágrima pura y transparente de agua de lluvia.

Y entre nubes, agua y viento,

junto a esa gaviota, repasé mis sueños.

Los sabores familiares de la infancia, afluyeron...

**

Las caricias, las palabras dulces de mi ;madre,

los juegos, los desvanes con sus misterios,

 la inocencia de los primeros besos...

**

Fuí feliz aquél atardecer, perdida entre nostalgia y sueños...

la compañia de esa gaviota, mi amiga,

y la tormenta sobre el mar.

Marie-Ange Bonnevie

Cazilhac, le 23 février 2002.